domingo, noviembre 14, 2004

Un día en el SIMO...

... ¡y una noche con Bunbury!

Ayer sábado estuve en el SIMO. Mi amiga Paola quería ir, y aunque yo estuve el otro día, no tuve apenas tiempo de ver nada. Así que para allá fuimos...

La verdad, está chulo. Lleno de luces, música y espectáculos varios. Como Las Vegas. Azafatas en cada stand, la mayoría sonrientes pero siempre dispuestas a repartir papelotes.

Después de ver los 6 pabellones acabamos reventados. Así que fuimos a comer a un restaurante muy chulo que hay en el barrio de Pao, y donde sabíamos que nos iban a clavar. Acertamos. Aunque la comida me supo a gloria, todo hay que decirlo.

Bajé corriendo a Alcorcón. A las 19:30 había quedado con Bea y sus amigas de Zaragoza para ir al megaevento: ¡¡el Bunbury Freak Show!! Si no eres de este planeta y aún no sabes quién es este genio de la música, échale un vistazo a su página web oficial http://www.enriquebunbury.com.

Estuvimos como 2 horas en la calle, haciendo cola. Hacía un frío de narices, y las puertas no se abrían. El concierto, que debía de empezar a las 21:00, se retrasó a las 22:00. La gente amagó con ponerse violenta, pero al final el buen rollo y el sentido del humor hicieron que no se llegara a las manos.

Ahorro los detalles sobre mi torpeza por no llevar entrada comprada, sólo reservada, lo que me obligó a esperar en otra cola y a ser el último en entrar... pero bueno, ¡si no me pasaran estas cosas, no sería yo!

Por fin, conseguí entrar...

¡¡EL CONCIERTO FUE UNA PASADA!!

Ya me lo dijo antes de entrar Paula, la prima de Juan Carlos. Es tan fan de Bunbury que ya había visto el Freak Show otras dos veces antes. Dijo que me iba a encantar, y no exageraba en lo más mínimo.

Casi 3 horas de música, con participaciones como la de Carlos Ann, Mercedes Ferrer, o Iván Ferreiro. Hubo emoción a raudales, con un público totalmente entregado a Enrique. No es un tópico, es que lo de ayer fue increíble. Desde la puesta en escena inicial con la proyección de imágenes circenses hasta la versión íntima de "La chispa adecuada" que cerró el segundo bis, todos vibramos a cada instante.

Y Enrique lo sabía. No paró de hacer sus numericos, de incitar al público, de reclamar sus vítores. Le gusta saberse querido, y a nosotros no nos importó lo más mínimo complacerle.

¡¡Gracias Enrique!!

Cuando acabó el concierto estábamos todos muy cansados. Mi coche estaba cerca, y aunque pensaba irme a tomar una copa con éstas, la tentación fue demasiado fuerte. Así que agarré el coche, y a casita. Por supuesto, con una sonrisa estúpida en la cara después de ver el último Freak Show de Enrique Bunbury.

¡¡Un abrazo!!